Tu relojería, pieza por pieza.
Empieza como lo recibe tu cliente: guardado en su estuche de piel. Nada de esto es foto ni video, todo está hecho en 3D dentro de la página.
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Primero, se abre la caja.
La tapa gira sobre sus bisagras, la luz entra y ahí está: boca arriba sobre su cojín de gamuza, con el brazalete alrededor.
Y sale flotando.
Se levanta, gira hacia ti y se queda suspendido en el estudio: el oro rosa refleja la luz, cada eslabón proyecta su sombra y las manecillas marcan tu hora de verdad.
Cada detalle, de cerca.
La cámara se acerca como en un comercial: las estrías de la corona, el bisel pulido y el filo de la caja, con la luz corriendo por el oro rosa.
Dale la vuelta completa.
La cámara rodea el reloj entero: la caja, el brazalete cerrado y el broche. Tus clientes lo ven por todos lados, como si lo tuvieran en la mano.
Hasta el broche se presume.
El broche pulido con su emblema, la tapa trasera y el cierre. Lo que casi nadie enseña en su página, tú lo pones en primer plano.
Eslabón por eslabón.
Centro pulido, lados cepillados y cada unión en su lugar. La calidad que en una foto no se alcanza a ver.
Ábrelo sin desarmar nada.
Las piezas salen en orden, del cristal a la maquinaria, y el broche se abre. Sube y todo regresa a su lugar, como si el reloj se armara solo.
- Cristal de zafiro
- Bisel
- Manecillas
- Esfera
- Puentes
- Engranes
- Volante
- Brazalete
- Tapa
Y sí, está latiendo.
El volante va y viene, el escape avanza a saltitos y los engranes giran. Si bajas rápido, le das cuerda.
Y después, tu catálogo.
Cada modelo con su foto, su precio y un botón para apartarlo. Las fotos también las hace la página: es este mismo reloj en 3D, en otros acabados.
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